Sepultan a 117 como “personas desconocidas“



Bajo el sol de la frontera, en el Jardín 7 del Panteón Municipal San Rafael, personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) comenzó la mañana de este viernes con la excavación de las fosas donde serían depositados los cuerpos de 117 personas que permanecían sin identificar y no fueron reclamadas por familiares.

Desde temprano, trabajadores del Servicio Médico Forense (Semefo) prepararon una a una las fosas individuales. Cada espacio está marcado con una clave de identificación, de acuerdo con el registro utilizado por los servicios periciales, para que los restos puedan ser localizados posteriormente en caso de que se logre establecer la identidad de alguna de las personas.
Poco antes de las 10:00 de la mañana llegó al panteón un camión con los cuerpos, cada uno colocado dentro de una caja de madera cuya tapa estaba forrada con una especie de aluminio.
Uno a uno, los trabajadores descendieron los féretros y los colocaron junto a la fosa que correspondía a cada cadáver, antes de comenzar con el proceso de inhumación.
Algunos trabajadores utilizaron cubrebocas durante las labores debido a los olores que emanaban de algunos de los cuerpos.
Entre las hileras de fosas del Jardín 7 también podían observarse algunas que ya habían sido ocupadas y que ahora tenían flores o lápidas. Se trata de casos en los que las personas fueron identificadas después de su inhumación y las familias decidieron hacerse cargo del espacio.
En el panteón existen dos áreas destinadas para la inhumación de personas fallecidas que no han sido identificadas o reclamadas.
Héctor Jácome Hernández, perito coordinador de Servicios Periciales y Ciencias Forenses en la Zona Norte, informó que los 117 cuerpos corresponden a 109 hombres y ocho mujeres, todos estimados como adultos.

Enterraron a 41 por muerte violenta

De acuerdo con la información oficial difundida por la FGE, de las ocho mujeres la causa de muerte fue natural. De los 109 hombres, 65 murieron por causas naturales, tres en accidentes y 41 en circunstancias violentas.
Los cuerpos permanecían bajo resguardo del Semefo, algunos desde 2022, mientras se realizaban las diligencias necesarias para tratar de establecer su identidad.
Jácome explicó que antes de la inhumación se realizan las periciales necesarias para contar con elementos que permitan identificar a las personas posteriormente. Desde la necropsia se recopila información post mortem, además de datos odontológicos, huellas dactilares, fotografías y muestras para obtener el perfil genético.
También se integra información sobre la ropa que portaban al momento de su muerte y otros elementos periciales que puedan servir para establecer su identidad.
Una vez que se agotan las diligencias correspondientes y no existe un reclamo por parte de familiares, se procede con la inhumación, explicó el perito.
La sepultura, sin embargo, no significa que se cierre la posibilidad de identificar a una persona. Jácome señaló que existen casos de personas que han sido identificadas después de su inhumación.
Cuando esto ocurre, se informa a los familiares y pueden iniciar el procedimiento correspondiente para solicitar la exhumación ante un juez. También existe la posibilidad de que, una vez identificada la persona, la familia se haga cargo de la fosa y coloque una lápida u otros elementos de acuerdo con sus preferencias.
En el caso de las personas cuya muerte fue violenta, la investigación de la carpeta correspondiente continúa aun después de que el cuerpo es inhumado.
Jácome explicó que, aunque las investigaciones pueden continuar, los cuerpos no pueden permanecer indefinidamente bajo resguardo por cuestiones sanitarias, por lo que son trasladados a fosas individuales plenamente identificadas.
El funcionario también señaló que existe la posibilidad de que algunos de los cuerpos correspondan a personas reportadas como desaparecidas, aunque también podrían tratarse de personas procedentes de otros estados cuya información todavía no ha sido compartida con las autoridades locales.
Así, entre las nuevas excavaciones y las fosas que ya tienen flores y lápidas, el Jardín 7 concentra parte de la historia de personas que llegaron al Semefo sin una identidad confirmada y que, en algunos casos, años después lograron ser reconocidas por sus familias.
La mayoría de las fosas de este sector del panteón lucen grises, entre el sol y arena. Sólo el número del Sistema de Ingreso y Egreso de Cadáveres (SIEC) permite distinguirlas y mantener el registro de quienes ahí fueron sepultados. Pero algunas comienzan a romper con ese paisaje, pues tienen flores y artículos personales o incluso una lápida. Son las tumbas de quienes, después de haber sido inhumados como desconocidos, finalmente fueron identificados por sus familias. Ahora, en ese mismo lugar, sus seres queridos tienen un sitio al que pueden volver para recordarlos.



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