

Si Maru debe cargar en la espalda a Marco Bonilla para transportarlo a lo largo de la campaña electoral, lo hará. Ha advertido que primero muerta a que gane Morena la gubernatura en junio del año entrante.
No cargará esa cruz porque literalmente represente una cruz, una carga, hemos dicho que Bonilla tiene su carácter, rebasó por la derecha a sus contendientes y ahí está montadito en la nominación. Maru ha decidido por sí sola liderar ese proyecto.
Ahora queda claro que la iniciada “Ruta Chihuahua” queda enmarcada en ese contexto. Arrancó el miércoles con aires claros de proselitista en la orilla de la región noroeste del estado, pero ya en el lado occidente, Madera, bajó por Temósachi y siguió puebleando hasta tocar Cuauhtémoc, donde un imprevisto la obligó a cortar el recorrido.
Es la primera gira de una seguidilla que se irá de frente por las siguientes semanas y meses hasta que los plazos electorales lo permitan. Terminó la semana en Creel. Encabezó ahí entre el Valle de los Monjes y Recohuata un cónclave de planeación partidaria.
“Esta ruta significa que la Gobernadora se sube al camión y va visitando los municipios. Empezamos esta primera parte el día de hoy y lo hacemos porque para nosotros es muy importante verlos a los ojos, saber cómo están y qué necesitan. Esa es la razón de ser de esto”.
Literalmente se trepó a un camión que había sido olvidado desde iniciado el malogrado régimen del corralato. Ahora lo readecuaron, lo repintaron y lo prepararon específicamente para la “Ruta Chihuahua”.
En ese vehículo subió la gobernadora a varios de sus colaboradores, y lo más importante, a un pull de reporteros que al fin fueron integrados de manera directa a las actividades cotidianas de la mandataria. Con Javier Corral esa unidad nunca fue utilizada, solo aviones y helicópteros de la flotilla aérea perteneciente al gobierno estatal. Puro confort y pereza.
En Madera empezó a percibirse el sentido de su nuevo mensaje: “Quiero decirles que aquí estoy. Que sembremos la esperanza y sembremos la unidad porque somos un único Chihuahua, y aquí tenemos que caminar unidos. Que no nos distraigan mensajes de división, aquí caminamos todos para el mismo rumbo para seguir saliendo adelante, así que sigamos esperanzados y sigamos trabajando”.
Justo dos días antes, el martes, estuvo Maru en Ciudad Juárez exigiendo al panismo fronterizo seguir unido y trabajar en el mismo rumbo, en el fortalecimiento del proyecto azul hacia la gubernatura con Marco Antonio Bonilla a la cabeza.
La mandataria desarrolló una serie de actividades públicas, la inauguración de una empresa de los Fuentes y entrevistas en medios, pero pasadas las cinco de la tarde el remate especial era justo la presentación “formal” del alcalde de Chihuahua al deshuesado sistema panista juarense.
Por el lado partidario fueron testigos y receptores del mensaje el secretario de Elecciones del PAN nacional, Luis Olmedo, quien lleva ya muchas semanas trabajando en Juárez; la presidenta del blanquiazul en el estado, Daniela Álvarez; el jefe del PAN municipal, Ulises Pacheco y Gabriel Díaz Negrete, un panista de la ciudad de Chihuahua sembrado por el equipo de Bonilla en Juárez ante la carencia de piezas de confianza aquí.
Son importantes todos ellos para la operación institucional electoral, pero lo son más quienes deben respaldar al candidato desde el ejercicio de gobierno.
En primer orden es el llamado alcalde en chiquito de la ciudad, el presidente de la Junta Municipal de Agua, Alberto Paredes, la agradable sorpresa para el panismo; luego el representante del gobierno estatal en Juárez, Carlos Ortiz; la asesora en mercadotecnia, Rosario Coutiño; y la vocera del gobierno estatal en Juárez, pero con “expertis” en territorio, Amparo Beltrán.
Hubo más gentes de Juárez en el cónclave, e incluso dos miembros del gabinete estatal a los que anda placeando con fuerza la gobernadora, a su Secretario de Seguridad, Gilberto Loya; y a su Secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña, y la diputada federal, María Angélica “Manque” Granados.
Cualquiera de los dos últimos podrían ser candidatos a la alcaldía del bastión panista en el estado, Chihuahua capital, así que traerlos a Juárez, presentarlos a los miembros del sistema azul fronterizo, tiene su lógica precisamente en el uno para todos y todos para uno del reforzamiento a Bonilla.
Juárez es la plaza más horrendamente complicada para el panismo. Es acá donde buscan construir no pequeños sino grandes diques contra el morenismo porque en ello se juegan precisamente la gubernatura.
Marco Bonilla no se dio el tiempo para familiarizarse con la ciudad, con sus sectores sociales, con sus electores, así que la intervención de la gobernadora no es solo necesaria, es obligada, es fundamental.
El solo posible contrincante del panista en Juárez, el alcalde con licencia, Cruz Pérez Cuéllar, ganó sus dos elecciones como alcalde con arriba de 200 mil votos de diferencia, pero le marca guinda ha ido todavía más lejos. Así que el reto es abrumador sea quien sea al final del día el candidato(a) del partido de la Cuarta Transformación.
Alguna vez comentamos en este espacio que para cuando Bonilla pidiera licencia como alcalde de Chihuahua y concentrarse en la candidatura, Cruz ya estaría tomando protesta como gobernador, si ese fuera el caso.
Es en ese contexto donde, de nuevo, entra el tema de la “Ruta Chihuahua” emprendida por la gobernadora. La realidad habla de la situación en Juárez y otros puntos del estado poco recorridos por Marco Antonio, pero no lo ha hecho por desidia, ni abulia, ni importapoquismo, sino porque Chihuahua es el corazón y los principales órganos del panismo. Por algo es su bastión.
El panismo ganó la gubernatura en el 2016 para el auténtico fraude que finalmente resultó Javier Corral y repitió el blanquiazul su triunfo en el 2021.
Ambas victorias le fueron dadas por la ciudadanía de Chihuahua, por los electores de allá. Perdieron Juárez con escasas diferencias, pero ganaron allá con diferencias abrumadoras.
Es correcta la estrategia de la gobernadora y de Bonilla mientras se mantenga justo ese escenario, pero hoy con la diferencia de reforzar hasta lo imposible Juárez e impedir que Morena gane acá por default y se convierta para los guindas en el PAN de Chihuahua.
Un poco más de votantes en Juárez y nada salvaría a Bonilla de la derrota. Y con otra amenaza que ni siquiera es Juárez, es la propia Chihuahua, la altamente posible fractura entre el panismo si no hay acuerdo para definir la candidatura a la alcaldía, peleada básicamente entre el panista, César Jáuregui, y el no panista pero respaldado por Palacio de Gobierno, Santiago de la Peña.
Hoy mismo el fuego de la división crepita con intensidad. Y sólo puede apaciguarlo con una decisión acertada la propia gobernadora, Maru Campos. Dependerá el éxito de la Ruta Chihuahua en buena medida del éxito en esa conciliación.
Gran desafío, aunque en la banqueta de enfrente era obvio que vendría ayuda gratis, por lo pronto el catastrófico para los guindas regreso de Rubén Rocha Moya, en un obvio montaje del obradorismo para reclamar candidaturas morenas hacia el 2027.
