

Ascensión.- Desafiando el intenso calor y el peligro constante de la carretera, Eduardo Vega Baeza cumplió este viernes su edición número 16 escenificando el Viacrucis Viviente, en una penosa travesía de casi 32 kilómetros que une a los municipios de Janos y Ascensión como un firme acto de fe.
Ataviado con la túnica y la corona de espinas como lo hiciera hace casi 2 mil años Jesús de Nazareth, y cargando sobre sus hombros una pesada cruz de madera, Vega Baeza inició su recorrido desde temprana hora para enfrentar siete horas de camino.
A diferencia del relato bíblico, este “Cristo moderno” no recibió azotes, sino el acompañamiento y protección de elementos de Bomberos, Protección Civil y Seguridad Pública, quienes resguardaron su integridad ante el tráfico de alta velocidad.
El sacrificio no terminó al llegar a los límites de la población; fiel a su tradición, Eduardo continuó su penitencia atravesando las principales calles de Ascensión hasta llegar al extremo norte, donde ya era esperado por decenas de fieles católicos que se congregaron para reconocer su proeza y para escenificar la Pasión y muerte de Jesucristo.
A pesar de las altas temperaturas que se registraron este mediodía, el cansancio no hizo mella en la voluntad del peregrino, quien una vez más transformó el asfalto en su propio Monte Calvario, reafirmando el significado de sacrificio y devoción que ha mantenido vivo por más de década y media.
El arribo a la plaza de bienvenida se convirtió en un momento de climax para la comunidad, celebrando por una parte el triunfo de la fe sobre las penurias del camino y consolidando esta caminata como una de las tradiciones más singulares y respetadas de la región noroeste de Chihuahua, y por otra parte, la dramática crucifixión.
