Aniversario de oro sacerdotal de Fray Javier Ruiz, OAR



Chihuahua, Chih.- Con los vientos de cambio soplando cerca, las bodas de oro sacerdotales llegaron para Fray Javier Ruiz Ancín siendo párroco durante ya ochos años de San Juan Diego en Delicias, comunidad a cargo de la Orden de Agustinos Recoletos (OAR), familia religiosa a la cual pertenece. Y ha sido también en esta misma comunidad parroquial que el festejo ofrecido tanto por Fray Javier como por sus tres compañeros de Ordenación: Fray Serafín Pineda, Fray Cirilo De Esteban y Fray Agustín Tocino, se realizó el pasado viernes 10 de julio, homenaje festivo en honor de estos cuatro sencillos sacerdotes que dejaron la Madre Patria por amor a Dios y a su Iglesia.

¡Conozcamos la historia de vida de Fray Javier!

De los tres…

El 30 de abril de 1952 en Los Arcos, Navarra, en España, nació el tercero de cuatro hijos de Andrés Ruiz y Rosa Ancín, una familia humilde que aceptó enviar a sus tres varones al Seminario para poderles brindar estudios. De este modo, Ángel marchó con los Dominicos, Andrés(+) con los Asuncionistas y el pequeño Javier con los Agustinos Recoletos; la menor y única mujer, Begoña, quedaría en casa. Al respecto, Fray Javier compartió: «Los tres hombres no fuimos a diferentes Seminarios; en aquel tiempo, quizá movidos más por la pobreza o los pocos recursos, para los padres era un desahogo… De los tres decía la gente que el único que seguro no llegaría a sacerdote era Javier, pero… los otros dos se salieron, se casaron, tienen familia y yo tengo sobrinos, sobrinos nietos, y cada año que voy de vacaciones llego a Sevilla, donde vive mi hermana».

Platicó que en las escuelas se les permitía ir a los llamados «captadores de vocaciones», es decir, sacerdotes o religiosos que iban a hacer una especie de promoción vocacional y anotaban a los niños que querían ir al Seminario, porque era para ellos algo «atractivo»: «Teníamos estudios, había frontón, campo de futbol, te daban beca; para mis padres yo no fui una carga porque por medio de una beca ellos no pagaban nada». En primera instancia iría con los padres del Verbo Divino, pero «cuando me di cuenta que mi amigo, que nacimos casi portal con portal, se fue con los Agustinos Recoletos porque tenía un tío Agustino, le dije a mi mamá que siempre no y que esperaría un año para irme yo también. Al final él se salió, se casó y seguimos siendo muy buenos amigos».

El llamado

Con once años marchó Javier al Seminario Menor en Lodosa (Navarra), donde cursaría los tres de secundaria; de ahí a Valladolid (Castilla y León) para el bachillerato y tres años más tarde a Fuenterrabía (País Vasco) para estudiar por dos años la Filosofía. Fue llegando al Noviciado en Monteagudo (Navarra) que se planteó seriamente la pregunta: «¿Seguir o no seguir? ¿Tengo vocación o no?, porque ahí es donde uno decide. Tienes un año para pensar y al final se hacen los votos simples, temporales por tres años». Para Fray Javier ése fue el momento de discernir el llamado porque, aunque «sí me gustaba el Seminario, leía cosas de misioneros, historias de frailes, pero cuando uno se define es cuando tiene que enfrentar este momento de los votos». Hoy son casi 54 años de religioso, luego de aquella primera profesión hecha el 13 de agosto de 1972.

50 y 50

Con la profesión solemne de votos (a perpetuidad) y después de la Ordenación diaconal en Monteagudo en 1975, de manos de Mons. Justo Goizueta, OAR, quien fuera Obispo Prelado de Madera, ese numeroso grupo de frailes agustinos conocidos como los «Filisteos» recibió la Ordenación presbiteral el 11 de julio de 1976 en Marcilla, en Navarra, donde realizaron la Teología. «Estuvieron mis padres, mis hermanos, algunos amigos y familia, no muchos porque cada uno tenía un límite». El ministro ordenante, Mons. José Méndez Asensio, Arzobispo de Pamplona, ciudad en la que recién ordenado celebró su Primera Misa: «Mi Cantamisa lo hice el 24 de julio de 1976, unos días después de la Ordenación, y en esa celebración se casó mi hermano Ángel con Rosario -Charo-, y vamos a celebrar este 24 de julio en España, si Dios quiere, los 50 años de casado de mi hermano y mi 50 aniversario, en la iglesia de San Francisco Javier de Pamplona».

Misionero, sí pero no

«Me preguntaron a dónde quería ir, yo les dije que me gustaría ir a Brasil, pero como tenía 24 años me dijeron que era muy joven, y me mandaron a estudiar… Eso me dijeron a días de ordenarme y yo pensé si ordenarme o no, porque tenía toda la ilusión de ser misionero y ahora me mandaban a estudiar una carrera de 5 o 6 años, después de 13 de estar estudiando, ¡qué va! Pero Dios va escribiendo recto en renglones torcidos… Me costó aceptarlo…».

En este mismo tenor, afirmó haber pasado por momentos de prueba y que incluso nunca olvida lo que le decía su abuela, al año de ordenado: «‘Javierito, ¿por qué no te sales -porque era un poco comunista- y te casas y tienes hijos?’, pero la verdad que no. Porque cuando uno hace la profesión solemne y dice voy ‘a ser agustino’, es para siempre». Y agregó: «En la vida siempre hay momentos difíciles, tentaciones, y no precisamente por mujeres, porque hay más tentación a veces por incomprensión, situaciones que te desengañan un poco y te cuestionas si merece la pena seguir o no. Pero ahí hemos seguido, ‘a trancas y a barrancas'», expresión española que significa realizar algo pasando sobre todos los obstáculos.

La misión, de Brasil a Costa Rica

No pudiendo realizar su deseo de ser misionero en «las misiones más duras que estaban en Brasil, en el Amazonas», sino que por obediencia hubo de marchar a Madrid para estudiar Pedagogía en la Universidad Complutense, tanto Fr. Javier como su compañero de Ordenación y luego de estudios aprovecharon una huelga que hubo de profesores no titulares y que provocó se suspendieran las clases por más de dos meses, para solicitar les cambiaran: «Estábamos perdiendo el tiempo, ‘yo no me he ordenado para esto’, pensaba», y los mandaron a los dos a Costa Rica con la impronta de retomar los estudios en la universidad. ¿Qué sucedió? «Pues que llegué a una parroquia, San Antonio de Belén, donde 15 días antes había muerto uno de los sacerdotes de dos que había, entonces como era una parroquia grande, pero a mí me habían mandado a estudiar, me inscribí en la universidad y según las clases sólo podía ayudar los fines de semana. Un muy buen amigo mío me aconsejó dejar la universidad; no pensé ni en los superiores, y desde hace 48 años que fue esto y hasta la fecha ningún superior me ha reclamado por qué dejé la universidad, ¡nadie me dijo nada!».

Fueron 21 años de estancia en Costa Rica, desempeñándose pastoralmente en la parroquia de San Antonio, atendiendo a los aspirantes a religiosos; para ello abrió un pequeño centro de acompañamiento. «También estando en Belén me tocó edificar junto con el P. Ángel San Casimiro, hoy obispo, el Seminario actual, San Ezequiel Moreno, donde se estudia Filosofía en Pozos de Santa Ana, y ahora atendemos la parroquia de ahí, la Inmaculada Concepción. Fui promotor vocacional del Seminario y luego volví a San Antonio, estuve un poco en Ciudad de Niños en Cartago, de la que fui director por siete años de la Junta directiva».

En Costa Rica cumplió su sueño de ir a tierra de misión: «Me pidieron que fuera a Puerto Viejo, que es una parroquia frontera con Nicaragua; fui unos meses solo, con un perrito que tenía, una parroquia difícil con más de 40 comunidades y de lunes a sábado recorría pueblos en una lancha, agarraba un caballo y luego a caminar, dormía en una tijera [una especie de catre], en una banca de la iglesia, bueno, tenía todavía los 25-26 años. Aquello fue duro».

México, una nueva misión

«Después de 21 años en Costa Rica me mandaron a Veracruz, Ver. Llegué en 1997, estuve 6 años en Santa Rita, una parroquia junto a la playa. Luego me fui a España, según esto a estudiar, pero me pusieron como ecónomo en una residencia universitaria en Madrid. Volví a los dos años a México, la parroquia de Hospitales en la capital durante dos meses, esto mientras pasaba el invierno porque me habían mandado a La Junta, pero era peligroso ir en esa época, por el frío». Contó que una vez mandaron a un religioso de Veracruz a La Junta «¡y se congeló las piernas!, casi se las tienen que cortar, ¡qué imprudencia! Allá duré unos dos años».

Nombrado consejero del vicario provincial, declaró que estuve tres años en el Seminario San Pío X y el colegio Fray Luis de León, en Querétaro, como superior de la comunidad, «que era grande, porque había varios sacerdotes entre los del colegio y los del Seminario» y tres años más en la parroquia de Lomas de Casablanca.

En Cuernavaca, Mor., fue por primera vez párroco, «y después de 6 años llegué a Delicias, en julio de 2018, ya llevo ocho años en San Juan Diego. Encontré una buena parroquia, hemos hecho todo lo que hemos podido: tenemos 46 pequeñas comunidades fruto de la evangelización y todos los martes doy a los coordinadores formación. Movimiento Familiar Cristiano ha crecido mucho, con más de 100 matrimonios, proclamadores, más de 100 catequistas y metimos hace dos años Diseño de Primera Comunión y ha sido muy positivo para que los padres de familia se comprometan con los hijos… Para el que venga, queda una parroquia bastante bien estructurada».

Cabe destacar que Fray Javier ha fungido durante cuatro años como vicario episcopal para la vida consagrada masculina, responsabilidad en la que ha procurado crear lazos de amistad y de fraternidad entre los religiosos presentes en esta Arquidiócesis, organizando reuniones periódicas de convivencia y de formación; asimismo, en esta encomienda ha participado en el Consejo Presbiteral y de Pastoral.

En este 50º aniversario

«Celebrar 50 años es como alcanzar una meta, no definitiva pero sí muy importante, porque no todos pueden llegar, celebrar y agradecer 50 años. Con mis cualidades y defectos, pero estoy contento por haber hecho lo que he hecho, por haber llegado a donde he llegado y por poder celebrar. Yo creo que, en todas partes donde estés, como yo aquí ahora, sé que la mayoría de la gente me quiere mucho, aunque habrá quien está deseando que el P. Javier se vaya; y es un hecho que me tengo que ir, porque así es, te cambian, eso es bueno por mí, por la gente. Mi vocación es parroquial, si de algo sirvo todavía es en parroquia, aunque me gustaría que me mandaran no como párroco, porque necesito bajar el ritmo».

Agradecido con Dios «que nos ha permitido celebrar los 50 años, que es un acontecimiento realmente significativo», a Él eleva su oración: «Gracias, Señor, por permitirme llegar a donde he llegado y darme fuerzas para seguir en lo que nos resta, cansado un poco, pero dispuesto a seguir trabajando donde me envíen».

Finalmente, aseguró: «El Señor nunca me faltó y nunca me faltará. El Señor siempre ha estado conmigo y sé que siempre lo estará», y pidió a la comunidad: «Recen por nosotros, para que sigamos perseverando los años que Dios nos dé de servicio a la Iglesia».



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